El miedo condiciona muchas de las decisiones que tomamos a diario. Se manifiesta en los momentos que nos empujan fuera de los espacios conocidos y donde nos hemos acostumbrado a operar. Le tenemos miedo a iniciar algo nuevo, a lo desconocido, al cambio, a la pérdida, al fracaso. Le otorgamos al miedo el poder en la toma de decisiones y nos quedemos paralizados con el pensamiento de los aspectos negativos que identificamos en el proceso. Es más fácil pensar en todo lo que puede salir mal, todo lo que arriesgamos si nos atrevemos a cambiar el estado actual, aun cuando las circunstancias actuales no sean las deseadas. Vivimos a la merced de la programación condicionada de nuestro cerebro desde nuestra infancia, esa programación que limita y frena las oportunidades que podemos crear.

¿Parálisis por análisis? Es mucho más que eso. Es miedo. Esa emoción desagradable que nos ancla en el estado actual o nos hace retroceder y correr en la dirección opuesta. Incluso va mas allá, condiciona nuestras decisiones, impide que las tomemos, y nos deja en el mismo lugar, sin que nada cambie. Ese es un gran reto, uno que nadie más puede enfrentar, sólo tú.

Cuando miramos a un niño jugar en un parque probablemente nos sorprenda al realizar algo que nos parezca atrevido o temerario: algún salto, pirueta o equilibrio que nos parezca fuera de lo que consideramos “seguro”. Más sorprendente aun será verlo fallar, caer y lastimarse, para inmediatamente levantarse y volverlo a intentar. Si seguimos mirándolo, con seguridad veremos cómo, intento tras intento, logrará la habilidad para hacer lo que quería hacer, incluso más alto, peligroso y sobre todo más satisfactorio para él de lo que hubiéramos creído al principio.

¿Cómo es que este niño se enfrenta a los retos sin dudarlo, una y otra vez, hasta lograr lo que se ha propuesto? Es muy simple: ¡no tiene miedo! No lo tiene, porque un niño aún no está condicionado por sus propias experiencias negativas, y es esa la más poderosa razón de su avance.

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De igual manera podemos hacer del miedo nuestro aliado y enfrentarnos a los retos que suponen un cambio de vida como lo es salir de la zona de comodidad. El éxito del proceso es reconocer quehabrá obstáculos, golpes y caídas, pero el poder de hacerlo reside en nuestro interior. Mantén la vista en la meta y lánzate como cuando aprendimos a andar: sin miedo al proceso.

Atrévete a no permitir que el miedo te paralice, toma la decisión y comienza tu camino a la vida que has diseñado para ti.