Todos vinimos a este mundo alambrados para el éxito, pero no todos desarrollan la habilidad para alcanzarlo. Unos hacen el trabajo para hacer su sueño realidad mientras otros ignoran las decisiones y el proceso para lograrlo. ¿Cuál de estas personas eres tú? Para lograr que nuestras resoluciones y metas se conviertan en motor de cambio en nuestra vida, debemos estructurarlas correctamente para que podamos alcanzar los objetivos que nos hemos planteado. ¿Y cómo se hace eso? ¿Qué debo considerar para hacer posible que mis metas se hagan realidad? Cuando construyas tus metas considera lo siguiente:

  • Deben ser realistas y manejables, pero no comformistas
  • Deben ser medibles
  • Deben estar construidas con un conjunto de palabras que tengan significado para ti, que te hagan a ti responsable, que tengan conexión contigo, que te comprometan a perseverar y a alcanzar el objetivo
  • Deben tener afinidad contigo
  • No deben ser repetitivas; y constantemente deben empujarte a ser más, dar más y hacer más.

Para dar los pasos necesarios y hacer realidad tus metas, comienza con el primer paso. Hay que estar dispuesto a transitar el camino. Esto se traduce, según cada persona y objetivos, en perder horas de sueño, en tiempo para estructurarnos, en hacer lo que haga falta en términos de preparación y formación, etc. Hay que estar dispuesto a hacer el sacrificio que es necesario para ganar aquello que deseamos, sin mirar, como solemos hacerlo, a ese sitio en el que estamos y lo que podemos perder; esto desvía nuestra atención del objetivo que nos planteamos.

Las metas deben estar en un lenguaje ganador, que nos impulse al próximo nivel, que nos preparan para ser dar y hacer más. Pero esto sólo va a ocurrir si nos sometemos al proceso de cambio. Este no se da automáticamente, ni de la noche a la mañana.

Una vez que tenemos nuestra resolución hay que ponerla en acción. Y en este punto pueden pasar dos cosas. Puede que el camino que nos planteamos sea muy duro al principio, y que al andar nos acostumbremos a hacer lo que debemos y se haga más fácil. O puede pasar justo lo contrario. Puede que los primeros días podamos cumplir las metas con facilidad, pero al ir pasando el tiempo se vuelva más difícil seguir con ese empuje que nos llevó a dar el primer paso. En cualquiera de estos casos, lo que nos llevará a seguir andando y a lograr las metas es el compromiso que asumimos con nosotros mismos y la disciplina con la que transitamos día a día el camino.

¡Que tus resoluciones permanezcan contigo y que las hagas realidad!

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