La vida está llena de ciclos: relaciones que comienzan y terminan, proyectos que seabren y cierran, estudios que comenzamos y terminamos… la propia vida es un ciclo por el que todos vamos transitando. Cuando llegamos al término de un ciclo, inmediatamente comienza otro, y ese momento de inflexión puede tener mayor o menor importancia en nuestra vida, pero siempre el final de un ciclo es un momento en el que hacemos resoluciones, definimos cambios que son necesarios en nuestra vida para seguir adelante con el próximo ciclo.

Un buen ejemplo de cierre y comienzo de ciclos es el fin de un año y todo lo que lo rodea: hay fiestas y alegría, pero también recuerdos y nostalgia. En este momento viene la evaluación de lo que hicimos en el año y como consecuencia de esto, solemos hacer las famosas resoluciones de año nuevo.

En todo momento de cambio, las circunstancias que lo rodean nos invitan, empujan, inspiran y motivan a tomar decisiones; son momentos trascendentales que puede que nos pongan entre la espada y la pared para resolver la situación que se plantea en ese espacio. Están relacionados a un cambio que tiene que darse, y esto puede que nos guste o no. Cuando no nos gustan los motivos que nos llevan a las resoluciones, solemos hacerlas apretando los dientes, obligados; y en este mal ánimo, solemos elegir palabras poco adecuadas para alcanzar nuestros objetivos. Utilizamos frases como “yo quisiera”, “algún día”, “no tengo” sin reconocer la programación negativa que albergamos en nosotros sin generar ningún tipo de responsabilidad y haciendo declaraciones de pobreza, no pobreza financiera, sino del espíritu.

El conjunto de palabras que escogemos para darnos dominio y poder sobre nuestro entorno, establecer nuestras metas, es extremadamente importante. Hay que programarse con las palabras adecuadas para comprometernos con el cambio necesario. El cambio requiere de compromiso y disciplina, y estos dos factores solamente dependen de nosotros mismos, nadie lo hará por ti.

No todo tu entorno está dentro de tu control, pero la decisión de moverte hacia adelante sí lo está.

Nadie puede obligarte a hacer nada, pero tampoco nadie te obliga a no prepararte, a no formarte y a quedarte en un espacio de estancamiento. Los cambios que quieres traer a tu vida a través de estas resoluciones debes traerlos y atraerlos tú, con palabras que hagan conexión entre tu cerebro, tu vida y el éxito.

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